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Sonora

Un joven hermosillense deja atrás su encierro en el ITAMA para convertirse en barbero profesional

Durante un año y nueve meses Daniel estuvo interno en Itama, un centro para jóvenes infractores de la ley; hoy trabaja para ser barbero

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Del Itama a ser barbero

HERMOSILLO, Sonora. Cuando le pusieron en las manos una máquina para cortar cabello, supo lo que quería hacer. La fecha es precisa: 24 de enero de 2019. Lo recuerda, porque desde su primer intento empezó su sueño. De haber estado en un centro del Instituto de Tratamiento de Aplicación de Medidas para Adolescentes (ITAMA), ahora en libertad, Daniel estudia y trabaja para cumplir la meta de ser barbero y tener su propio negocio.

“Un día, me dieron una máquina, me dijeron cómo era un corte y lo hice. Y de ahí dije: yo quiero una barbería y se me dio”, narró el joven de 17 años, estudiante de preparatoria y aprendiz de barbero.

“Yo estaba en el Centro Intermedio Itama y uno de mis compañeros me dijo: ‘toma, corta el pelo’. Y yo le dije: pero quiero aprender, no a cortarlo todo pelón, quiero hacer desvanecidos. Me dijo hazlo, lo hice y me salió”.

Llegó a la barbería hermosillense donde practica hace apenas una semana, después de haber cumplido su internamiento en Itama en enero de 2020. Le abrieron las puertas cuando un amigo lo escuchó contar lo que buscaba: ser barbero, además de jugar fútbol americano.

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Su jornada inicia a las nueve de la mañana y acaba a las cinco de la tarde. Entre el equipo le enseñan a usar la máquina, las tijeras y los aceites. Los tipos de cortes.

“Me gusta mucho el saber para qué sirve cada cosa de la máquina, cada parte y qué función tiene”, agregó Daniel, “es un pequeño paso, pero, a su vez, es un gran paso”.

Su estancia de un año y nueve meses en el centro de internamiento por un delito que no puede hacerse público como parte de la protección a su identidad lo hizo reflexionar.

“Me alejaron de mi familia, yo era una persona que no le gustaba estar con su familia y ahora que estuve en Itama, aprendí a valorarlos, aprendí a valorar todo: desde lo más mínimo, como la comida”, dijo. Hoy tiene claro el paso siguiente: trabajar hasta convertirse en barbero.

Además de aprender todo esto, Daniel se quedó con un conocimiento adquirido en Itama: la actuación. Es parte del elenco de 12 jóvenes que actúan en la obra “No Manches tu vida”, escrita y dirigida por el maestro de teatro Gilberto Landeros Santini. Es una puesta en escena coordinada desde la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) del estado como parte de una campaña de prevención del delito y el consumo de drogas en la juventud.

Daniel y un compañero que ahora estudia en la universidad, son los dos únicos integrantes que están en libertad. Al resto, le faltan algunos meses o años para salir. Todos los jóvenes recorrieron Sonora antes de la pandemia para hacer alrededor de 27 presentaciones presenciales con permiso de un juez para visitar auditorios y escuelas.

Estuvieron frente a públicos de hasta mil 500 personas. Ahora, con las restricciones a la movilidad a causa del Covid-19, hicieron una actuación en vivo que se transmitió por la cuenta de Facebook de la SSP, que siguieron virtualmente más de 5 mil personas.

“Esta obra se trata de un joven que ‘va cayendo’, como decimos nosotros, a una celda en Itama”, narró Daniel, “entonces, le empiezan a quitar sus tenis”.

Su papel es el de pedir a los demás que no le hagan daño. Es quien no busca problemas. Mientras, los demás, narran cómo es que llegaron ahí: violencia, drogas, robo.

“A final de cuentas, al morro le quitan los tenis”, continúa, “pero todos defienden al niño, al ‘Bebé’, para que no le hagan nada. Lo separan de todo y luego los castigan. Al final de la obra, le dicen: ‘Ya está listo todo, licenciado’. Y él dice: ‘Bebé, díganme Bebé, como siempre”.

Y Daniel continúa narrando: “Si pones atención en esa parte, te quiere decir que, a pesar de que metiste la pata, la arruinaste, puedes salir adelante y lo está demostrando claramente. Él ya es un licenciado, a pesar de que metió la pata y lo demuestra el morro, que sí se puede y no se avergüenza, porque claramente dice: ‘Bebé, díganme Bebé”.

El aprendizaje que le quedó después de ser parte de esta obra, fue ese: que las cosas pueden cambiar para bien, pero, además, la importancia de saber elegir a sus amistades.