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Baja California

Adriana Cetto preserva el legado de una familia con tradición vinícola

Adriana Cetto actualmente dirige la división de cavas y boutiques de la empresa L.A. Cetto, la casa vinícola más grande de México que fundó su abuelo en 1928

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Adriana Cetto preserva el legado de una familia con tradición vinícola

TIJUANA, Baja California. Es la nieta de Ángelo Cetto, un inmigrante de la región de Trentino, en el norte de Italia, que a los 26 años llegó a Tijuana y que adquirió una vinatería en la frontera que resultó ser un gran negocio durante los años de “la ley seca” en Estados Unidos.

Es la tercera de cuatro hijos que tuvo don Luis Agustín Cetto, quien en los años 50 heredó de su padre la noble tradición vinícola en las fértiles y generosas tierras de Baja California, para establecer y consolidar la que hoy en día es la casa vinícola más grande de México.

Ella es Adriana Cetto, quien desde hace 20 años se involucró en el negocio de la familia y actualmente dirige la división de cavas y boutiques de la empresa L.A. Cetto.

Ella y su hermano Luis Alberto, actual director de Grupo Cetto, representan a la tercera generación familiar que ha tomado las riendas de la empresa fundada por su abuelo, quien en 1928 abrió la brecha en el Valle de Guadalupe que muchos años después ellos habrían de encargarse de convertirla en la ruta del vino.

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“Cuando entré a la empresa, en el 2000, entré aprendiendo, entré a decorar las empresas, luego lavé copas, cobré (proceso de preparación de la uva). Ahora sé cómo hacer las cosas, estoy donde estoy porque he trabajado, ahora estoy a cargo de las tiendas, de los eventos y de lo que mi señor padre quiere que haga, soy su representante”, comentó Adriana Cetto.

En ese entonces, recordó, inició la idea de aprovechar los paisajes que ofrece el Valle de Guadalupe y sus viñedos para atraer turismo al área.

“Los que iniciamos con los eventos fuimos nosotros, el primer evento que se hizo en los viñedos fue un festival de jazz y blues con Javier Bátiz que fue un éxito. Después hicimos un mano a mano entre Los Panchos y Los Dandys”, mencionó la gerente de cavas y boutiques de L.A. Cetto.

Esos eventos musicales llamaron la atención de muchos visitantes que empezaron a interesarse más por la vitivinicultura y su sabor. Continuaron con las fiestas de la vendimia, se crearon festivales gastronómicos y se abrieron más espacios para degustar los vinos de la región.

Como casa vinícola, señaló, les ha tocado picar piedra y llevar a cabo proyectos que han aportado al desarrollo de la región y que han servido de modelo para que otras bodegas los lleven a cabo.

“Ahora todas las vinícolas hacen conciertos”, dijo como ejemplo.

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Actualmente L.A. Cetto atraviesa por una una etapa de modernización y ha programado campañas promocionales y elaboración de vinos para cada estación del año.

Son vinos dulces y con nueva imagen que vienen a refrescar la marca, explicó Adriana Cetto sobre el proceso para irse adaptando a las nuevas generaciones y ofreciendo sabores que llaman la atención de los nuevos aficionados a la uva que recorrer la ruta del vino.

“Nuestra meta era atraer turismo al valle”, agregó, “ahora nuestro negocio es vender vino”.

Por Yolanda Morales