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El Extranjero

El confinamiento por pandemia de Covid-19 dispara el huachicol en América Latina

El robo de combustible o huachicol se ha disparado por la crisis económica y por el relajamiento de vigilancia en países de América Latina por la pandemia

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El 15 de septiembre, en Venezuela, la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros de Venezuela denunció el comercio ilegal.

En tiempos de la pandemia del coronavirus (Covid-19), el robo de petróleo y combustible en América Latina se ha convertido en una oportunidad de generar ganancias para los criminales, debido a que las medidas de seguridad se han disminuido por la emergencia sanitaria.

En cada país, las técnicas de extracción son variadas, lo que deja ver la capacidad que tienen los grupos para adaptarse y abrirse espacio en los mercados ilegales de cada territorio resalta el sitio especializado InSight Crime.

Los modos de operar van desde las pequeñas mafias. Paraguay o Venezuela, que intensificaron sus actividades en los últimos meses, y las grandes estructuras dedicadas a procesos complejos de extracción, destilación y comercialización del petróleo o combustible en Argentina y Colombia.

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El pasado 15 de septiembre, militares ecuatorianos encontraron una refinería clandestina en la provincia de Sucumbíos. En la zona hallaron una válvula ilegal instalada sobre una tubería que cruza la frontera entre Ecuador y Colombia.

Una válvula clandestina fue instalada sobre la tubería de petróleo que transporta crudo desde Colombia a Ecuador. El hallazgo se produjo en el sector conocido como El Palmar, en el recinto fronterizo con Colombia, en el cantón Putumayo, en la provincia de Sucumbíos.

Según las autoridades, se trataría de una refinería clandestina para el procesamiento de hidrocarburos. El hallazgo lo hizo personal militar, en la frontera norte ecuatoriana, durante una operación de reconocimiento y vigilancia.

Entre las evidencias encontradas en la refinería clandestina están dos tanques de acero para refinar aproximadamente 500 galones de crudo. También, seis tanques de 55 galones metálicos, que estaban vacíos; dos canecas de plástico con petróleo; tres canecas de plástico de 30 galones, varias con combustible líquido (se presumía que era octano); 100 metros de mangueras negras de varios diámetros y otros materiales.

El primero de septiembre las autoridades argentinas también desmantelaron  un gran esquema de robo de petróleo a YPF, la petrolera estatal del país. Una organización criminal, conformada incluso por un concejal y trabajadores de la petrolera, extraían el crudo sin autorización, lo trasladaban en camiones cisterna hasta destilerías clandestinas y finalmente lo vendían en gasolineras sin bandera o ilegales. 

Este negocio dejó pérdidas de alrededor 5 millones de dólares anuales para la compañía.

De acuerdo con InSight Crime, el escándalo tiene dimensiones incalculables. No solo por el monto robado, sino porque se trata de recursos energéticos no renovables. El caso por el desvío de petróleo de YPF para su venta en destilerías truchas tiene 21 detenidos y todavía no se sabe cuánta es el monto total de lo robado a esa compañía.

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En ese caso, la investigación comenzó en octubre del año pasado por las alarmas que disparaban sensores de los oleoductos de la compañía. A los ingenieros a cargo de controlarlos les llamó la atención la frecuencia con la que se daban esas advertencias y lo denunciaron.

Todo se aceleró con la muerte de un operario que se quemó durante los trabajos clandestinos para succionar el hidrocarburo a principio de año.

Estos no son los únicos casos reportados en los meses de cuarentena. Por ejemplo, el 15 de septiembre, en Venezuela, la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros de Venezuela (Futpv) denunció el comercio ilegal de la limitada producción que está a cargo de empresas petroleras locales.

El director ejecutivo de la Futpv, Eudis Girot, denunció el robo de 120 mil barriles de gasolina del buque tanque Luisa Cáceres de Arismendi, embarcación perteneciente a la flota de Pdvsa.

A través del portal web de Caraota Digital, el dirigente petrolero señaló que el presidente de Pdvsa Gas, Juan Santana, está haciendo uso de los cinco mil barriles de gasolina que se producen diariamente en el complejo petroquímico José Antonio Anzoátegui.

Además, con el aumento de los precios de gasolina anunciado en mayo de este año, se disparó el mercado paralelo de gasolina. Incluso con gasolina colombiana que llega de contrabando a este país de América Latina.

En Colombia, Ecopetrol alertó del aumento de las válvulas ilícitas en los poliductos entre enero y agosto de 2020, reportó InSight Crime.

De acuerdo con la empresa, se han retirado cerca de 900 válvulas, un aumento comparado con las 747 detectadas en 2019 en el mismo periodo de tiempo. La mayoría de los pinchazos ocurren en el oleoducto Caño Limón-Coveñas, ubicado mayormente en Norte de Santander, donde es común encontrar destiladoras clandestinas que producen un combustible barato, conocido como Pategrillo, para los laboratorios de cocaína ubicados en la subregión de Catatumbo.

En Paraguay, supuestos clanes familiares se dedican a robar el combustible de las barcazas que transitan el río Paraná y su posterior distribución en las poblaciones fronterizas. Medios locales explican que tienen la capacidad para descargar más de 70 mil litros de combustible por noche. El 13 de agosto de este año, una mujer fue asesinada aparentemente por las mafias de ordeño, como se les conoce, y desde entonces los fiscales involucrados en el caso han recibido amenazas.

Ha sido común en los últimos meses escuchar del huachicoleo en México, pero esta economía criminal va mucho más allá. Desde abril de 2020 se han incrementado los ataques de piratas a las plataformas de extracción ubicadas en el Golfo de México.

De acuerdo con The New York Times, hasta junio de 2020 se habían presentado 19 ataques, comparados con 20 episodios en 2019 y 16 en 2018 a plataformas petroleras en alta mar. La situación se ha deteriorado tanto que en julio la embajada de Estados Unidos emitió una alerta especial sobre los piratas en las aguas mexicanas de América Latina.

Esa actividad ilícita toma más fuerza a medida que la crisis del Covid-19, no cesa debido a que los niveles de desempleo por el impacto económico crecen, el robo de combustible se está convirtiendo en una opción para los grupos delincuenciales en todo el continente.

A diferencia de otros productos, el petróleo es un bien necesario para las actividades cotidianas; también es un insumo clave para llevar a cabo otras actividades criminales, como la producción de cocaína, por lo que grupos criminales se han aprovechado de la alta demanda para aumentar sus ganancias.