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Sonora

El circo de Bryan Aguirre conquista a Sonora

Bryan Aguirre, el director de la compañía La Rana en la Hamaca, fue quien ideó el concepto para sacar el circo de las carpas y los teatros a las calles y a los espacios públicos de Hermosillo

HERMOSILLO, Sonora. En este circo un par de buzos, un astronauta y un piloto bajan bailoteando del Cerro de la Campana. Como sólo podría ocurrir dentro de un sueño, los personajes nadan, gravitan y vuelan juntos, entre burbujas, acompañados de notas de acordeón, tambor y saxofón. 

Un grupo de niños observa el espectáculo desde la cima de un pasamanos. Un par más, lo hace desde la estructura de una portería de futbol. Abajo, el sueño -que es un circo- ocurre en medio del parque de una colonia de Hermosillo, Sonora, donde los saltimbanquis no habían llegado antes.

El tercer festival nacional “Las Lunas de Urano, Shakespeare en el Desierto”, organizado por la compañía AndamioSteatro, hizo posible que “Plumas de Pavorreal”, de la compañía hermosillense La Rana en la Hamaca, una obra teatral de corte circense llegara a la colonia Centro, en las faldas del cerro icónico de la ciudad, para compartir sus destrezas.

Frente al telón, el piloto, los buzos y el astronauta se desafían a sí mismos para demostrar lo que sus cuerpos y mentes son capaces de hacer: siete pelotas de futbol al cielo, para malabarearlas; una mujer hace acrobacia aérea empleando una larga tela que cuelga de una estructura; alguien más, equilibrando con extrema habilidad, recorre la cuerda floja en segundos.

Todo, mientras decenas de niñas y niños abren grandes los ojos, aplauden, interactúan y se carcajean con las bromas de quienes juegan en el gran escenario que resultó la cancha.

Bryan Aguirre, el director de esta compañía, fue quien ideó el concepto para sacar el circo de las carpas y los teatros a las calles y a los espacios públicos.

“Plumas de pavorreal, como todo lo que hacemos, viene de nuestra imaginación”, dice a Cobertura 360.

“Nos centramos en imaginar que todo lo que escribimos, no lo hacemos con plumas comunes o con lápices, sino con plumas de pavorreal, porque son bellas, ningún otro animal tiene unas parecidas y, para nosotros, están llenas de magia”, comenta el productor.

Son nueve artistas en escena, de los cuales cinco manejan disciplinas como acrobacia, acrobacia aérea, equilibrismo, clown y malabarismo, y cuatro músicos que tocan el jazz y el swing que se estilaba escuchar en las funciones de circo de antaño.

“Construimos esto con la esencia de una comparsa, que es un movimiento callejero, y decidimos mantenerlo así”, agrega el artista.

“Pero con la inclinación incómoda que tiene el Cerro de la Campana no pudimos desarrollar nuestros actos en la calle y, por seguridad, elegimos el parque. Estar en este espacio público nos gustó tanto que pudimos poner una estructura que siempre habíamos querido estrenar, pusimos unas luces bonitas, unas banderillas y, al final, nos dimos cuenta de que existen otros espacios públicos, como los parques, donde también cumplimos el objetivo principal de presentarnos en las calles”, explica Aguirre.

Además de ser el director de esta compañía que se conformó hace un año, Bryan es también uno de los fundadores del movimiento circense en Hermosillo desde hace aproximadamente 12 años.

“Empezó con saltimbanquis: zanqueros, fuegueros, malabaristas de calle… todos esos movimientos se fueron uniendo y eso me dio las herramientas para formar este espectáculo”, explica.

“Todos empezamos desde eso, desde lo más abajo”, narra el director. “Obviamente, malabareas tres pelotas antes de malabarear siete, y lo mismo pasó con el equilibrismo, empiezas primero a caminar en una banqueta, equilibrando, luego te subes a una cuerdita, luego a una cuerdita más alta”.

Todo vino de la sed por experimentar y crecer.

“Empecé en Hermosillo, no recuerdo ni siquiera el día en que pude pararme de manos y a malabarear… siempre se me hizo fácil, pero dije que esto seguro tiene que tener una formación”, asevera.

Entonces viajó a Guadalajara, donde entrenó con Circo Dragón y, de ahí, siguió Europa.

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“Estuve en La Central del Circ, que es en Cataluña, después me fui a Francia. Mi estancia en Europa fue de ver, ver, ver, ver… y entrenar mucho, porque sabía que algún día iba a volver aquí a Hermosillo para reflejar todo eso que el circo es en el mundo. Y ahora estoy sintiendo unas ganas de transmitirlo con temas como esto: retro, de aviadores, de astronautas, pero sí tuve una formación aquí y allá, por lo mismo, porque no hay en Hermosillo en donde formarte”, afirma.

Precisamente por eso, Bryan afirma que las bases están sentadas para la creación de una escuela de circo en la capital, porque a la gente le interesa y cada vez pregunta más sobre qué lugares existen para aprender. Ahora ya existen pequeños espacios para la danza aérea, por ejemplo.

“Hermosillo tiene un potencial tanto de habitantes, como de sed de cosas nuevas, como para que ya existan espectáculos y escuelas de circo; está agarrando muy buen ‘momentum’, le llaman y, en un futuro -estoy calculando-, tendremos una, dos, o máximo tres escuelas de circo; en cuanto salga la primera, aparecerán las otras”.

Bryan solo pide paciencia, pues, lo primero, es presentar qué es, cómo se ve y con qué se come el circo. Mientras tanto, las y los artistas circenses, siguen preparándose y organizándose.

“Plumas de Pavorreal es una promoción de las artes circenses y de la ciencia, donde estamos matando dos pájaros de un tiro”, concluyó, “me encantaría transmitir a la gente la alegría que siente un investigador -sea cual sea la rama de la ciencia o del arte- cuando encuentra de repente un ‘¡eureka!’, ese sentimiento bonito de encontrar algo.

Quiero decir a los niños que, ser investigador, un aviador, un astronauta, no son puros números, no son pura teoría, sino que hay mucha magia dentro de todo eso, y qué mejor herramienta que el circo para transmitirlo”.

Por Astrid Arellano